1-“Leer
para vivir”. Ni conocer ni evadirse de la realidad. Eliminar toda
función instrumental de la lectura. Leer del mismo modo que se respira. Leo, luego existo.
2-Leemos
todos. Si los maestros y las familias no leemos (o leemos poco o con
desgana), no tenemos que esperar grandes pasiones lectoras. Compartamos
nuestras lecturas. Hablemos y escribamos de ellas.
3-Leer
menos pero mejor. Coordinación lectora entre diferentes departamentos.
Todos los departamentos somos, en ocasiones, demasiados intransigentes con
“nuestras lecturas”. Se trataría de consensuar una misma lectura. Se lee
“menos” pero “mejor”. Esto es algo utópico, pero a veces se logra.
4-Brevedad.
Creo que a veces compensa más leer varios relatos (o novelas breves) en vez de
una gran novela. Siempre hay más posibilidades de acertar con tu gusto de
alumnos. Por ejemplo, relatos de E. A. Poe, Italo Calvino, Carson McCullers.
5-Prohibido
suspender. No suspender nunca a nadie por no leer un libro. Liberemos a
la lectura del miedo al suspenso. La lectura siempre ha de ser fuente de
placer.
6-Leer
el mundo. Hay lectura, más allá del libro. Una ciudad, un bosque, una
fotografía o la misma vida componen una escritura invisible que aguarda nuestra
lectura.